jueves, 23 de octubre de 2008

Ermitaño Cósmico

Cuando mi inconsciente se pone a trabajar, mi lado más pacifico devora violentamente mi lado sádico, estornudo un par de veces para quitarme las malas vibras, y mato al primero que se me pone enfrente para evitar la extinción de la especie (¿Cómo lo sé? ¡No se!)
Las veces que actúo mi suicidio, no son más que simples alucinaciones provocadas por hongos que salieron de una antigua cruz que encontré en medio de un desierto simétrico cuando vagaba espiritualmente en un planeta incierto donde sus habitantes se habían autodestruido hace mucho tiempo.
Cuando supe como era el demonio, fue cuando subí al cielo y no reconocí al señor, era demasiado amable, se veía que traía algo entre manos y me cayó mal. Después baje al infierno y percibí cierto calor de hogar, ahí no existía la mentira, sólo la verdad, esta causaba infelicidad a aquel que la escuchase pero como dijo el Dios de ahí…ese no es mi problema.
Después de escribir algunas idioteces, me percato que fueron escritas por el subconsciente de Borges y en raras ocasiones por el de Krishna, eso me hace dudar de mis capacidades para describir la realidad, pero no soy hipócrita.
Las raras veces que puedo ser consciente de mis actos, intento olvidarme de que existes, y vivo en un mundo imaginario donde has sido devorada varias veces por extraterrestres amorfos cuyos propósitos son los mismos que tuvo Cristo.
Me gustaría conocer a al fantasma vagabundo de un robot psicópata y ermitaño que me asesine dejándome saber los secretos del universo que llevan al suicidio y de esta manera tomar su lugar como ermitaño cósmico infinitamente sabio en medio de un átomo de antimateria.
Algunos dicen que estoy loco, pero te voy a dar un consejo antes de juzgar, conócete a ti mismo y conoce a quien está de tu lado, no vaya a ser que un día te sorprendas por descubrir una ligera parte de lo más inimaginable, la realidad misma, que dejará mi locura totalmente insignificante ante tu abominable monstruosidad e ignorancia.